Nuestra Historia

En 1939, cuando San Isidro era un pueblo en el que todos se conocían, la Argentina era un país con grandes oportunidades y Europa se preparaba para sufrir la guerra, en Martínez nacía la Sociedad de Bomberos Voluntarios. Todo empezó cuando se incendió el cine Select.

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Acostumbrados al fárrago cotidiano que embota los sentidos, cuesta imaginar a un San Isidro casi aldeano, de tracción a sangre, salpicado de quintas, fábricas de ladrillos, empedrado, juncales y algunos recreos en el bajo y un flamante circo hípico que, como gran imán obligó a la “cátedra” porteña a disfrutar del aire y verde local.
Cuesta pensar que fue apenas ayer, de ese ayer alumbrado con faroles de opalinas y de bombitas mortecinas, con muchísimos hogares calentados a puro brasero, de paseos en mateo, y del piberío pescando ranas en zanjones. durante aquellas escapadas a la siestas de verano. Fue cuando San Isidro entendió que algunas cosas debían cambiar.
Fueron tiempos en que Europa se preparaba para sufrir un nuevo drama a sangre y fuego y en Argentina la democracia asomaba a un nuevo período. Y tiempos en que a San Isidro le pegó de frente el alerta del “…así, no va más”.
Ernesto de las Carreras, como intendente, cuida al detalle un presupuesto aprobado para el ejercicio de 1.543.318 pesos moneda nacional. Corría el año 1939 y el censo de población acusaba 54.522 habitantes. La construcción cobró nuevo impulso. En total 53.524 m², incluyendo 129 edificaciones de más de una planta. Se empezaba a crecer hacia arriba y a ser la vida más compleja.
San Isidro era un pueblo en el que todos se conocían. Se destacaba por las coquetas residencias veraniegas, por la zona céntrica y comercial, con las calles Belgrano y 9 de Julio como camino casi obligado, y por la costa del río, refugio de familias y grupos de jóvenes que venían a disfrutar del agua y de la sombra que ofrecía la ribera.
San Isidro era un pueblo tranquilo, de costumbres provincianas, con un estilo particular que lo diferenciaba de otros parajes.

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El incendio motivador
En Martínez las sesiones de cine empezaban bien temprano: la “matinee” poco después de mediodía. Luego vermouth, tarde y finalmente noche. Dos películas por el precio de una. A veces tres. Los más chicos a la primera y los más grandes a la última. En las casas, se acostumbraba a anunciar “me voy al ‘biógrafo’ a ver unas ‘cintas’ ”.
Y en esos paseos de cabotaje se debía optar entre el “Select” de Alvear al 400 o el “Astro”, abierto pocos años atrás con el más moderno confort de entonces. Quienes optaron por la programación del segundo ganaron. Los del “Select” vieron como ese mundo de ficción se les hizo cenizas frente a sus miradas atónitas y azoradas.

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Para cuando llegó el pesado carro desde el cuartel de bomberos de San Fernando, para intentar salvar algo de la querida sala, sólo había escombros humeantes y algunos focos de fuego que fueron de inmediato sofocados para evitar su propagación a viviendas linderas.
Juan Santiago Cánepa, el dueño del corralón de materiales de Córdoba y Av. Santa Fe, en Martínez, fue uno de los que presenció ese espectáculo no programado y que bien pudo terminar en tragedia. Como él, otros vecinos entendieron que San Isidro, en circunstancias parecidas, no podía depender de una ayuda situada a 10 kilómetros de distancia y separada por caminos no del todo adecuados. El fuego no espera y menos perdona. Y aquellos antiguos materiales usados para levantar San Isidro eran sabrosos pastos de las llamas.Hubo varias reuniones con vecinos tan alarmados como él. Algunas se hicieron en su casa. Conclusión: Había que independizarse de San Fernando. Crear un cuerpo de bomberos para atender las necesidades de un San Isidro en ascenso. El pueblo crecía y no se podía esperar más.Pues entonces, a organizarse y poner manos a la obra.
Impulsados por el entusiasmo de Cánepa, en la primavera de ese año los vecinos decidieron constituir una “asociación humanitaria y filantrópica” destinada a “prestar colaboración en la extinción de incendios, en particular, y en cualquier calamidad pública, en general…”.Los pioneros establecieron que la entidad debía participar “… de toda actividad que propendiese al bien social” y que tuviese la capacidad de promover y fomentar entre sus asociados, con los medios a su alcance, el “espíritu de fraternidad y altruismo”.
Y la acción precedió a la organización. El corralón cedió un espacio para la primera autobomba, montada sobre un chasis de camión Dodge, y el 23 de octubre de ese año, se armó el primer cuerpo activo de Bomberos de San Isidro . En total fueron 22 los voluntarios que dijeron “¡Presente!” y se entrenaron con los bomberos de Tigre. La comandancia fue confiada a Domingo Carlos Denari, veterano en estas lides de la vecina San Fernando.La Comisión de Organización Provisoria de la Asociación, recién se integró el 30 de octubre, fecha que en adelante fue tomada como fundacional de la institución.
El primer servicio que registra el cuerpo se cumplió cinco meses después de integrarse la comisión. No se necesitaron mangueras y si escaleras. El llamado recibido por el cuartel, aquel 1° de abril, provino de la Escuela N°4, de la calle Vieytes 650, en Martínez. La tarea fue confiada al voluntario Luis Lanfranchi. Su misión: desenganchar la bandera de ceremonias que había quedado atorada al tope del mástil, en el patio del establecimiento.
Desde entonces, el cuaderno de guardia fueron llenándose de historias menudas y simples, como también riesgosas y de grandeza que, inevitablemente, al son de las sirenas salvadoras, arrancaron de aquel corralón de materiales que, finalmente el progreso y la piqueta borró. Piqueta que no alcanzó para eliminarlo de la memoria de los sanisidrenses.

Comisión de Organización
El 30 de octubre de 1939 se conformó la primera Comisión de Organización Provisoria
con estos cargos:

Presidente: Juan S. Cánepa
Vicepresidente: Luis Ricciardi
Secretario: Carlos D´Emilio
Prosecretario: Enrique Silenzi
Tesorero: Hamlet Vittino
Protesorero: Angel Pogliaga
Vocales: Lorenzo Ridella, Angel Fonticelli y Nemesio Brown.

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